Biografía

Y un buen día nací. Y para fastidiar más a mis progenitores decidí hacerlo en domingo y por la mañana.¡ Adiós al café en el bar de abajo disfrutando del periódico y de los churritos!. Cuenta la leyenda que ya en aquellas primeras horas de mi existencia empecé a demostrar al mundo mis recién nacidas cualidades artísticas en forma de tremendos berrinches a altas horas de la madrugada que mantenían en suspense a todos los que me rodeaban, totalmente intrigados porque no sabían lo que me pasaba. Pasaron los años, aunque no los berrinches, y sin apenas darme cuenta llegué a esa edad en que el uniforme de trabajo eran los pantalones cortos y los desconchones en las rodillas y en el que las chicas solamente significaban criaturas ñoñas de comportamiento incomprensible e impredecible, blanco de nuestras más crueles bromas, que odiaban jugar a “churro va” , al” taco” y a la “taba”. Aunque han ido pasando los años y sigo pensando lo mismo si exceptuamos que están muy ricas y de vez en cuando te dan alguna que otra alegría. Y descubrí la magia del cine. De eso tuvieron la culpa los frailes de mi cole que a parte de hacerme sudar tinta con las mates y demás, aparte de los capones traicioneros, los estirones de patilla, los reglazos en la mano, el tizazo certero en medio de la frente, las avemarías y padrenuestros, los “hoy te quedas castigado sin comer” y demás sutilezas pedagógicas, todos los sábados por la mañana y los domingos ponían cine en el salón de actos del cole. Y si lograba llegar al viernes sin estar castigado, gran aventura, me lo tragaba todo. Lo mejor de todo era que al acabar la película nos colábamos al patio y allí emulábamos las peleas de Tarzán con los malos, los duelos a florete del capitán Blood ,la carga de los masais contra los boers, o nos cargábamos al séptimo de caballería. Por supuesto yo era el prota. Durante toda la semana continuábamos con lo mismo hasta que la llagada del sábado o del domingo nos cambiaba el argumento. Es que eso de correr detrás de un balón como poseso dándole patadas no ha sido lo mío y como tuve la suerte de tener a algún colega tan friki como yo, me permitía seguir disfrutando de mis imaginarias aventuras entre los balones y chutes. Con la llegada de los pantalones largos, la pelusilla, y “no me había dado cuenta lo ricas que están las niñas”, mis aficiones eran las mismas. Bueno, una nueva que suele practicarse en solitario se sumó a las anteriores. La tele contribuyó a que las películas que veía se multiplicasen y con la propina de la abuela me hice socio honorífico de casi todos los cines que existían en mi ciudad. Pero un hecho inesperado fue lo que hizo darme cuenta de que lo mío era el cine, el teatro, la dirección y la interpretación. Fue en clase de “pretecnología”, como se le llamaba antes a lo que vulgarmente se le conoce con el nombre de manualidades.El profe se dio cuenta que mis aptitudes con mis manos a la hora de hacer casitas de marquetería, barcos con palillos o figuritas con alambre eran inversamente proporcionales a las ganas y a las horas que ponía. Totalmente negado. Y por alguna razón que no sabré nunca, tal vez enterado de que en un concurso de obras de teatro escritas e interpretadas en grupo por los alumnos había ganado mi grupo y me habían nombrado el mejor actor del asunto, me propuso que a cambio de dejar de deleitar al personal con las chapuzas que creaban mis manos, escribiera y dirigiera una obra de teatro para después estrenarla para todo el publico previo pago de una entrada en el teatro del colegio. Y así se hizo. Primero vino “El pequeño draculín”, segundo “Tres mosquiteros y medio” y después ” Tom Shawyer detective”. Como se puede apreciar la influencia cinematográfica en mis obras de teatro era innegable. Y como vulgarmente se dice , fueron un éxito de público y crítica. Los cursos se fueron haciendo más serios y las ayudas para el arte inexistentes así que la obras de teatro pasaron a mejor vida. Pero yo seguía con lo mío. En aquellos tiempos los inventores del video estaban todavía ensuciando pañales y el poseer una superocho era de niños bien, y yo era más bien niño mal. Lo más que llegué a poseer y que sufrieron mis amiguetes y hermanos en interminables sesiones de sábado tarde después de la merienda , fue el inmortal Cinexin. Con eso aprendí el noble arte del montaje cinematográfico dadas las numerosas veces que la peli de Chaplin se me quemaba o partía y que después de innumerables reparaciones con acetona el resultado final de la peli no se parecía nada al original. Así que para saciar mi hambre creadora me fui por los derroteros del teatro. A pesar de los ánimos de mis padres que me decían que eso era de maricones y de vagos, de que me moriría de hambre y demás palmadas de ánimo, conseguí ser admitido en la escuela municipal de teatro de mi ciudad. Mientras tanto mi vocación de director la satisfacía siendo profesor de teatro en un muy pijo y prestigioso colegio femenino. Con mis niñas llevamos al escenario una muy personal adaptación de la novela de Agata Christie “Tres ratones ciegos”, y aunque había que pagar entrada conseguimos un lleno absoluto y un éxito rotundo. Lo malo era que con esto ni comía ni merendaba, y como la presión de mis papis por que yo fuera un alguien en la vida era cada vez más enconada y eso de emigrar lo tenía como que muy crudo, les hice caso, (quizás por primera vez en mi vida), y me dediqué a ese arte de estudiar empresariales y ejercer como estudiante universitario con todas sus variantes y consecuencias. Para no aburrir al personal me permito dar un salto en el tiempo dejando atrás detalles nimios y sin importancia de mi andar por este mundo y llegamos al punto en que como un sustitutivo del cine me autoproclamo fotógrafo profesional y me arruino montándome un estudio fotográfico. Da de comer que es lo importante y me permite hacer mis peliculitas en forma de un solo fotograma fijo que no deja de tener su mérito. Entre flash y flash y como la tecnología ya empezaba a poder permitírmelo, aunque Bill Gates todavía estaba en parvulitos, comienza mi etapa Friki. Con una cámara de video de estar por casa y con la colaboración de mis amigos de juergas y cuñaos realizamos una serie de especiales Fin de Año para uso doméstico donde parodiábamos a todo bicho viviente. Una especie de teatro kabuky donde las mujeres no eran admitidas y que acababan en verdaderas orgías alcohólicas pero con unos resultados a veces de una genialidad cinematográfica que Kurosawa quisiera. Fueron unos cinco años de grandes éxitos de salón de casa para adentro. Y por fin Bill Gates se hizo inmensamente rico, y yo vi la posibilidad de empezar a hacer mis sueños realidad. (póngase aquí música de gran orquesta con violines muy sentida). Sin tener ni idea de cómo funcionaba por aquí esto de los cortos, engañando a unos dándoles el placer de ser mis acreedores a otros, me puse serio y escribí mi primer guión para una peliculita de 28 minutos titulada ” El pañuelo”, que se estrenó allá por el 2000 en el Centro Cultural Cai del paseo de las Damas. Como resulta que parece que gustó y empezó a ser seleccionada en festivales tanto regionales como nacionales, a ganar algún que otro premio, decidí seguir adelante y en el 2001, once días después de lo de las Torres Gemelas estrené en el mismo sitio, mi sitio de siempre, “Al, uno de tantos ” con el gran Jesús Guzmán de protagonista. 

El éxito fue enorme. Bueno, eso me parece a mí a tenor de los premios no sólo nacionales sino internacionales que cosechó. Hasta en la tele lo pusieron. Y en los periódicos me empezaron a llamar “Director de cine” y “realizador aragonés”. Y eso parece que he llegado a ser aunque desgraciadamente todavía el asunto no me da de comer, ni de merendar. Aunque sí para alguna que otra cervecilla de vez en cuando. Mi familla se fue extendiendo por el mundillo del poquito cine que tenemos en mi localidad y empezaron a pedirme colaboraciones en trabajos de otros, unas veces como actor o simple figurante; “No pasa nada” de Samuel Zapatero, “Casi Mallorca” de Miguel Manteca, “Alarma” de Máximo Pinilla, “La chica de la cárcel” de Fernando Usón, “Las princesas de tío Walt” de José Ángel Delgado, “Perceval” de Pablo Aragüés, “Yo y ella” de Fernando Usón y en el largometraje  “Cromos” de José Ángel Delgado. Otras veces poner sólo mi voz como en “Noches Rojas” de Pablo Aragüés o en  ” Ondas” de Fernando Vera. Como director se me requirió para los proyectos de los alumnos de producción del Centro Politécnico Audiovisual (CPA) realizando los cortometrajes ” Al Límite” y “Tacones de Stanislavski” ambos con premios a nivel nacional e internacional trabajándome también los guiones de ambos, que falta les hacía.                                                                                               

Mi ultima peliculita, la que casi me arruina por segunda vez, es “Muñequitas Rotas” que se estrenó en el 2005.

Como buen hombre del renacimiento también he sido ayudante de dirección en las pelis de Fernando Usón “Caridad”, “La chica de la cárcel”, “Nocturno” y “Yo y ella”. Y su largometraje “Remedios y Angustias” aun sin estrenar. Más recientemente en el cortometraje “Selección de personal” de Raul Guíu y “El Morico” de Jorge Aparicio donde también soy la voz de dicho personaje. moricoTambién si me piden para llevarle el botijo al director o para cerrar las puertas del campo no digo que no. Por eso cuando Pablo Aragüés me ofreció unos papelitos para sus largometrajes “Vigilo el camino” y “Novatos”,acepté, después de hacerme rogar durante unos larguísimos nonasegundos. A Ignacio Estaregui le hice sufrir más. Cuando después de haber removido Roma con Santiago buscando al actor más idóneo se dió cuenta que yo era el único que le quedaba y antes de que descolgara el teléfono para llamarme yo ya le había dicho que sí y así el pobre pudo rodar su primer largometraje “Justi&cia”.

El caso es que se haga algo por amor al cine. Como parece que todavía me sobra algo de tiempo, mientras voy haciendo los guiones de mis próximos proyectos, de cortos, de largos, etc… también llevo desde el 2002 como director de la Muestra de Cortometrajes Aragoneses . Colaboré en lo que me dejaban con el Festival de Jóvenes Realizadores de Zaragoza. De vez en cuando doy alguna que otra charlita en entidades bancarias sobre cine, dirijo a un grupo amateur de teatro, estoy de jurado en algún festival de cortos, me paso por la tertulia Ramón Perdiguer, soy vocal de la junta directiva de la Academia de Cine Aragonés, colaboro en la organización de los premios Simón del Cine Aragonés en lo que puedo o hago de actor en algún que otro spot para la tele. Más asiduamente pongo mi voz en cuñas para radio o para spots de televisión cosa que me hace especialmente mucha ilusión por la sencilla razón de que “Oh! Milagro!, me pagan por ello.

vigilonovatosjusti

 Y mientras tanto sigo soñando que algún día alguien se apiadará de mí y me dará la oportunidad de seguir haciendo lo que hago pero que me dará para pagar la hipoteca, el coche y comer todos los días. Mientras estoy para lo que queráis, aunque sea por amor al arte, al cine.